Blog de leireveigamartin

Y los peces salieron a combatir contra los hombres

El efecto de la crisis ideológica que sufrió el teatro durante los años 90 da origen al giro que sufre la escena española a partir del año 2003, cuando surgen en el teatro español dos obras con una alta carga crítica y rompedora: por un lado, el grupo teatral Animalario presenta en febrero de ese mismo año el montaje Alejandro y Ana: todo lo que España no pudo ver del banquete de boda de la hija del presidente, escrita por Juan Mayorga y Juan Cavestany, bajo la dirección de Andrés Lima. La obra criticaba abiertamente el pensamiento, los mecanismos y las relaciones de poder inclinadas hacia la derecha de un gobierno que apoyaba el belicismo, el conservadurismo y el liberalismo extremo. Por otro lado, encontramos a Angelica Liddell con su obra Y los peces salieron a combatir contra los hombres, obra de alto contenido crítico que denuncia la situación de los inmigrantes africanos en su intento de llegar a España muriendo, en la gran mayoría de los casos, en pateras y cayucos. Liddell aborda la llegada de los inmigrantes a las costas canarias desde la perspectiva del asco y el miedo que suscita en el gobierno. 

Angélica habla de su obra en estos términos:

La defino como una obra antisocial porque hablo de la parte mezquina y vil de la sociedad. Ésta emplea toda su energía en reconocer al débil para aniquilarlo. También es una obra anti- política. Alguien dijo que las obras no pueden ser políticas, las obras deben hablar del sufrimiento que la política causa a los hombres.

Angélica dirige su obra al personaje del Señor Puta, y busca infligir dolor, herir al espectador para conseguir una reacción. Con la única estrategia del lenguaje, incomoda al público por medio de repeticiones (“10 desaparecidos, desaparecidos, desaparecidos”), haciendo que las palabras tomen una carga pesada y casi insoportable; ironía punzante, preguntas retóricas o descripciones de situaciones vividas. La dramaturga se vale del miedo que infunde al poder aquello que no se puede dominar, aquello que resulta desconocido y por tanto aquello con lo que se quiere acabar, aquí personificado en los inmigrantes, y los convierte en algo tan cotidiano como los peces. El señor Puta, así, recordará siempre que vea un pez, al africano que murió intentando llegar a las costas de España buscando una vida mejor. Con esta imagen, Liddell consigue lo que busca: rechazo, asco, remordimiento, culpabilidad. 

Tanto como el texto, su puesta en escena es dolorosa y extrema. Hace sentir incómodo al espectador indiferente ante el sufrimiento ajeno con su manera particular de dar batalla contra una sociedad pasiva, y con su forma de verbalizar el horror que le suponen las circunstancias, es capaz de hundir el dedo en la llaga hasta llegar a las entrañas del público y remover la conciencia del mismo. 


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: